“El que está siendo atendido es un ser humano, no es su número”. Con estas palabras, Adriana Condorí, presidenta de Fundación Luz SGB-CIDP Argentina, compartió la profunda experiencia vivida durante la jornada por el Día Mundial de la Seguridad del Paciente en Mina Clavero.
La actividad permitió abrir un espacio de encuentro entre la comunidad, profesionales de la salud y autoridades para hablar de prevención, atención oportuna y responsabilidad compartida. Para Fundación Luz, hablar de seguridad del paciente también significa hablar de empatía, humanización y del valor irreemplazable de cada vida.
Hay experiencias que no se pueden explicar solamente con palabras.
Después de participar de la jornada por el Día Mundial de la Seguridad del Paciente en Mina Clavero, Adriana Condorí, presidenta de Fundación Luz SGB-CIDP Argentina, compartió la emoción y el profundo significado que tuvo para ella este encuentro.
“Es todo lo que pueda llegar a decir. No se describe nada de lo que siente mi corazón”, expresó Adriana al recordar lo vivido y aquello que la moviliza a continuar llevando adelante estas acciones de concientización.
Porque detrás de cada charla, de cada testimonio y de cada actividad hay una razón profunda: intentar que a otras personas no les suceda lo que tantas familias tuvieron que atravesar.
Una responsabilidad que nos involucra a todos
Durante la jornada, Fundación Luz pudo compartir sus experiencias y testimonios junto a un sistema de salud local que, según destacó Adriana, mostró un fuerte compromiso con el cuidado del paciente y con la construcción de una responsabilidad compartida.
Para la presidenta de Fundación Luz, la seguridad del paciente requiere del compromiso de todos: de los profesionales, de las instituciones, de las autoridades y también de la sociedad.
Porque cuidar no es solamente atender una enfermedad.
Cuidar también es escuchar. Es observar. Es tener empatía. Es valorar una vida.
Adriana puso especial énfasis en la necesidad de humanizar la atención sanitaria:
“El que está siendo atendido es un ser humano, no es su número. No es algo que se reemplaza al otro día”.
Esta mirada atraviesa profundamente el trabajo que realiza Fundación Luz.
Una historia que no quiere ser olvidada
Durante la jornada también estuvo presente el testimonio de Angélica Alicia Pérez, quien perdió a su hija de 22 años luego de un ACV.
Según relató Adriana, ante los primeros síntomas se solicitó asistencia de una ambulancia. La atención no se produjo de manera oportuna y los síntomas fueron minimizados. La joven se encontraba a aproximadamente diez cuadras del hospital y finalmente falleció en su departamento.
Una historia dolorosa que, lejos de quedar solamente en el recuerdo de una familia, se transforma en un mensaje para toda la sociedad.
Porque, como señala Adriana, una vida no puede convertirse en un número ni en una estadística.
“Nosotros perdimos a nuestros seres queridos. Duele y va a doler toda la vida”, expresó.
Y desde ese dolor nace también una decisión: hablar más fuerte, generar conciencia y trabajar para que otras familias no tengan que atravesar las mismas consecuencias.
Los errores pueden evitarse
Uno de los conceptos centrales que Adriana quiso transmitirnos es que determinados errores en la atención sanitaria pueden evitarse cuando existe una adecuada valoración de los síntomas, una atención oportuna y un diagnóstico correcto.
Por eso, desde Fundación Luz se insiste en la importancia de la seguridad del paciente, pero también en la necesidad de brindar a los profesionales las herramientas y condiciones necesarias para desarrollar su tarea.
“Hay que salvar la vida, proteger a un profesional, entregar lo que el profesional necesita”, sostuvo Adriana.
Y agregó una idea que resume el espíritu de su mensaje: tener empatía también es tener responsabilidad con la ciudadanía.
Una voz que busca transformar
La participación de Fundación Luz en esta jornada no termina con el cierre de una actividad.
Cada encuentro, cada testimonio y cada historia compartida forman parte de una tarea mucho más amplia: generar conciencia para que la seguridad del paciente sea una prioridad.
“Fundación Luz no solo quiere llegar a un gobierno que sea empático con todas estas actividades”, expresó Adriana. También busca que esta conciencia alcance a toda la sociedad.
Porque la seguridad del paciente comienza cuando entendemos que cada persona que llega a un sistema de salud tiene una historia, una familia, una vida y un futuro que importan.
Y quizás esa sea la huella más profunda que dejó esta jornada en Mina Clavero:
que detrás de cada paciente hay una persona.
Que detrás de cada persona hay una vida.
Y que cuidar esa vida debe ser responsabilidad de todos.
Fundación Luz SGB-CIDP Argentina continúa trabajando para visibilizar estas realidades, acompañar a las familias y promover una atención sanitaria basada en la información, la escucha, la empatía y el respeto por la vida.






